sábado, 8 de febrero de 2014

EL INCINERADOR DE CADAVERES en Rincón del incomprendido


FISONOMÍA DE LA LOCURA
Rara vez una película comienza de una manera tan sorprendente como adictiva, enigmática y transgresora. Una sucesión de primeros planos de una cara, alternados con la piel de un leopardo dentro de una jaula, inquieto, moviéndose de un lado a otro, como si la presencia de nuestro protagonista lo pusiera nervioso. Unos primeros segundos desconcertantes en los que la cámara se pega literalmente a los protagonistas mientras una voz monocorde y sosegada nos cuenta una historia. La voz y la cara pertenecen a Karel Kopfrkingl, el incinerador de cadáveres. El director nos deja claro que no estamos ante la típica película de terror de asesinos en serie y cuchillo en mano. El terror que nos atrapará va mucho más allá de unas manos ensangrentadas y una joven corriendo descalza por el bosque. Es un terror kafkiano, un colosal estudio de la naturaleza humana más retorcida y monstruosa. Durante los primeros segundos, nos habla de la misericordiosa naturaleza, de su bondad y también de dios, con lo que ya nos advierte, ojo, no es un hombre común.
 


La personalidad de Karel queda muy bien definida desde el primer momento, durante la visita al zoo, el director nos presenta de una manera muy sutil a los principales protagonistas de la película. La famila de Karel Kopfrkingl es un verdadero muestrario de rarezas. No nos da detalles sobre ninguno en concreto, pero el silencio casi permanente de la esposa es revelador, se limita a sonreir mientras escucha con devoción a su marido. Sonríe, no sabemos si de felicidad o simplemente porque es a lo que está acostumbrada a hacer permanentemente, sonreir, ver, oir, callar y asentir. Un matrimonio donde la figura dominante es el marido y la mujer es su esposa abnegada. El marido habla del momento que se conocieron, y lo felices que son desde entonces.

El monólogo gira entorno a su persona, su familia, su trabajo ... En ningún momento ningún otro miembro de la familia pronuncia una sola palabra, ni tan siquiera para asentir o para confirmar las palabras de Karel. Habla en plural, de su familia, reitera de lo felices que son, también hace entender lo afotunado que es de haber conocido a su esposa, y parece que se siente culpable de lo poco que ha hecho por ella desde que se casaron, entonces la esposa pronuncia sus primeras palabras, en tono conciliador e indicándole que les va bien, quiere quitarle el sentimiento de culpa a su marido. Karel por su parte se muestra como una persona ambiciosa, una persona que quiere más, que no se conforma con lo que tiene. En un hábil enfoque, parece sugerir que el peso que lleva encima por el cual no ha podido progresar más, son sus hijos. Vemos a Zina y a Mili dentro de una jaula, a lo que su padre comenta con cierta ironía: "Véis hijos, las jaulas son para los animales".


Primeros momentos hablando de su vida, su familia y sus pesares, gira radicalmente la "conversación" y advierte que las cosas van a cambiar, que ha descubierto la forma de aumentar sus ingresos contratando a un vendedor. Parece un detalle sin importancia, pero hay que reparar en el hecho en sí, es una "familia encantadora y decente" (en boca de Karel), se supone que están pasando un día de fiesta agradable, todos juntos y solos, disfrutando de ser esa familia feliz, y de repente, en el zoo, aparece esperando a ser presentado el nuevo ayudante recién contratado. Las connotaciones son evidentes, la familia es una fachada que no le importa en absoluto, tan solo quiere guardar las formas, mejorar las apariencias y prosperar profesional y económicamente. Todo ello sin aparecer los títulos de créditos, se presenta una película apasionante. 


LA MUERTE COMO MEDIO DE VIDA

El título ya indica que el plato fuerte de la película es su protagonista;  la trama, los secundarios, el ambiente, el por qué de las cosas, eso ya son los aderezos que hacen lucir todavía más al cremador. Tras el apasionante comienzo, el director no se guarda nada en el tintero con el ánimo de sorprender o tratando de facilitar un poco la labor de comprensión del espectador. Lo presenta tal y como es, lanzándolo todo al aire sin reservarse nada, nos lo muestra en todo su esplendor. Dos grandes características marcan la personalidad del Sr. Kopfrkingl, que bien podría ser una la consecuencia de la otra: La primera, su ambición desmedida, su afán de progresar, su deseo y su necesidad de destacar por encima de sus semejantes. La segunda, su obsesión por la cremación de cadáveres, como gerente del cementerio, es un verdadero adicto a su trabajo, la necrofilia en su persona es permanente, no diferencia su vida privada de la profesional.

Por tanto, no es casualidad, que la segunda escena de la película sea una fiesta organizada por él mismo con la intención de captar clientes. Lo vemos hablar con su agente comercial, congraciarse con los asistentes, los adula sin remilgos a los clientes potenciales. También vemos algún desprecio hacia aquellos que no encajan en su perfil idóneo. Es clasista, le gusta relacionarse con gente que la concibe como igual, anhela parecerse a la gente que concibe como superior y evita y menosprecia a la gente que concibe inferior. Por todo ello, encuentra en el incipiente nazismo y en su ideología un círculo en el que se siente cómodo. De carácter dominante y autoritario, se empeña en encontrar restos de sangre alemana en su linaje, y tanto es el empeño que pone, que finge encontrarla.



Los gustos de Karel Kopfrkingl son completamente coherentes con su estilo de vida y con su personalidad, se pierde la cuenta de las veces que nombra el Libro Tibetano de los Muertos (Bardo Thodol), que dicho de mala manera, no es otra cosa que una guía para los muertos y los moribundos, según el cual la muerte dura 49 días, tras los cuales sobreviene la reencarnación. Pues bien, las menciones a este libro están diseminadas por todo el film, y es que le obsesiona el tránsito de la muerte al éter, concibe la muerte como una liberación y la cremación como su consecuencia lógica para que ese tránsito sea rápido. Menciona también en diversas ocasiones el tiempo que tarda un cuerpo humano en desintegrarse dentro del horno, sin embargo, y en contraposición a esta fascinación por la muerte, lo trascendental y lo espiritual de ella, es capaz de traducir tales cremaciones a números fríos para optimizar su negocio, por lo que se nos presenta un ser tremendamente complejo e inteligente.


EL NAZISMO COMO LIBERACIÓN


Es fundamental en este caso situar cronológica y geográficamente la película para tratar de entender todo lo que está ocurriendo. Nos hallamos en la  antigua Checoslovaquia, en los albores (más o menos) de los acuerdos de Munich de 1938, esto quiere decir, que muchos de los estados cercanos a una Alemania gobernada por el Partido cedieron a sus consideraciones antes las amenazas de una invasión violenta. Entre esos estados se encuentra la Checoslovaquia de El incinerador de cadáveres. En varias webs he tenido ocasión de leer que el nazismo convirtió al Sr. Kopfrkingl, que lo transformó en una persona diferente, particularmente estoy en desacuerdo. Al principio de la película no se nombra al nazismo como razón de su comportamiento, nuestro protagonista trae sus rarezas de casa. El nazismo no hace si no potenciar tales extravagancias y brotes psicóticos. Le brinda la oportunidad única de deshacerse de toda la gente que le rodea y que él considera inferior, inútil o simplemente le cae mal. Se escuda en su supuesta superioridad para denunciarlos.

El nazismo es como esa mala influencia que te ayuda a tomar la decisión que sabes que está mal y que tu conciencia te grita que no lo hagas. Dada la personalidad de Karel, es perfectamente conocedor de los "defectos" de su familia, se escuda durante años tras una imagen de felicidad y llega el nazismo para abrirle los ojos. El nazismo lo lleva de burdel en burdel, le ofrece la compañía de numerosas jóvenes, le anima a hacerlo, charlan entre ellos mientras las putas se los comen a besos. Karel se deja embriagar por ese ambiente, por la sensación de poder y por la lujuria. Es precisamente en un burdel, donde un miembro del Partido le dice abiertamente que con su mujer nunca podrá prosperar, que al no tener la pureza de la sangre alemana será un lastre, que su afeminado hijo está influenciado por su amigo judío y que corromperá su hogar. A tales afirmaciones, cualquier persona cabal (y supuestamente feliz como tantas veces dice)  hubiera reaccionado a la defensiva, pero Karel no, no hace sino sentirse aliviado por haber encontrado la fuerza que le faltaba para deshacerse de ellos también.

Haciendo un poco de memoria y recordando el principio de la película, parece ser que nuestro protagonista hizo un buen negocio casándose con su mujer, Lákme. Hace referencia a la dote que aportó al matrimonio, y a la ayuda recibida por la madre de ésta, aquella "bendita mujer" como la llama Karel. Si a todo el beneficio que obtuvo le añadimos el carácter reservado, dócil y sumiso que tiene, la convierten en la mujer perfecta para él. Una marioneta a la que manejar a su antojo con la seguridad que no le replicará (recordemos que ella misma se pone la soga al cuello sabiendo que va a morir, ni en esos momentos se enfrenta a su marido). Pese a proclamar su amor por su esposa y por su familia en numerosas ocasiones, se refiere a ellos en muchísimas ocasiones como "sus ángeles", creo que ningún espectador caerá en el error de pensar que realmente los ama. Tremendo ejercicio de Rudolf Hrusínský, ser capaz de transmitir un sentimiento opuesto a lo que su personaje proclama, mérito de un gran actor dirigido magistralmente. 


Llama la atención que tenga que ser un personaje secundario, casi figurante, quien ponga abiertamente en entredicho la sexualidad de su hijo Mili, el joven de 14 años, apocado, tímido, impresionable y de gran hipermetropía. A lo largo de toda la película lo vemos en diferentes situaciones, lo vemos jugando con su hermana en el zoo, lo vemos con el sobrino del médico del que es amigo y del que sospecho se siente atraído y también durante el combate de boxeo, que seguramente lo lleva su padre con la esperanza que descubra la virilidad del deporte y lo único que consigue es que su hijo visite el gimnasio donde entrenan y  guarde en secreto una fotografía del púgil. Aunque sin duda, en la situación que mejor se recuerda es con la tremenda sonrisa que le dedica a un saltimbanqui del parque de atracciones, lo vemos rodeado de atracciones y de gente, sin embargo nada captura mejor su atención que el joven gimnasta.
Zina, la hija de 16 años, parece ser que es el miembro de la familia con una personalidad más convencional, mantiene una relación con un joven que abiertamente se pronuncia en contra del Reich, un personaje por el cual siente una especial aversión, desconocemos si por la relación que mantiene con su hija, por su oposición al nazsimo o  por la pregunta  acerca si algún muerto se había levantado. La transformación de la cara de  Karel al oir semejante estupidez es asombrosa, el hecho que trate de una manera tan frívola la muerte le ha molestado, se le nota, aunque hace alarde de buenas maneras y sale al paso con una educada respuesta.















BROTES PSICÓTICOS

En esta película sucede lo contrario a lo habitual, es decir, normalmente cuesta identificar los comportamientos anormales de los aquejados por alguna enfermedad mental, las cosas que hacen, las cosas que dicen o su manera de vivir o de vestir suelen dar alguna que otra pista sobre el terreno sobre el que pisamos, en el incinerador de cadáveres ocurre lo contrario, es tremendamente difícil encontrar un comportamiento, una frase, una mueca que no de señales que el protagonista está desequilibrado. Comenzando por lo que comentaba antes, su gran afición a leer y releer el Libro Tibetano de los Muertos, no ocurriría nada si el protagonista lo mencionara de manera circunstancial, pero cuando el protagonista se dedica a la cremación de cuerpos y lo nombra en numerosas ocasiones ya es como para salir corriendo.  Ocurre de la misma manera que con su amistad con el médico, habitualmente alguien puede tener un amigo médico al que va a visitar de vez en cuando y a hacerse analíticas, nuestro protagonista recorre el camino en sentido contrario, de tanto acudir al médico a hacerse análisis de sangre a la busca y captura de la gota alemana llega a entablar amistad con él. A su favor podemos decir que es vecino suyo y que su hijo y el sobrino del médico comparten juegos, pero en cualquier caso, y tal y como reconoce el propio Kopfrkingl, es un hipocondríaco, obsesionado en mantener alejada de infecciones su supuesta sangre alemana.

Extracción de sangre en primer plano. ¿Tal vez inspiró a Quentin Tarantino para su Pulp Fiction?
La música es otra de las pasiones de Karel, llega a afirmar que si a alguien le gusta la buena música no puede ser mala persona, tal vez esta sea ésta la afición más convencional, no obstante, siempre que alguien entra en el crematorio para no salir, suena  la misma música, que sintoniza él mismo, con lo cual ya queda asociada a un comportamiento perturbado. La música está presente a lo largo de toda la película, desde la fiesta del princpio donde contrata una pequeña orquesta, pasando por el solista del que Karel prácticamente se enamora de su "maravillosa voz". También conviene destacar que en los directores de la Nueva Ola Checa la música está muy presente en todas sus películas.













Una "prueba" de su enfermedad de la que no termino de estar muy seguro son las visiones que sufre a lo largo de la película. No tanto por lo que ve, si no porque no se alcanza a diferenciar si son visiones que sufre el propio Karel o son una serie de incisos que el director hace deliberadamente para ponernos alerta. Tales visiones comprenden desde la hermosa joven entulada, que bien podría evocar a su propia esposa cuando era más joven puesto que lucen el mismo peinado hasta sí mismo con otra ropa (batín) y en su casa. En cualquier caso, cuando aparecen con la música de fondo no hacen si no enfatizar el desequilibrio y el proceso de psicosis que está viviendo Kopfrkingl. Ocurre algo parecido a la hora de hablar en público, tras el micrófono lo vemos hablar entredientes, casi susurrando al principio hablando de su persona y de los acontencimientos, para acabar adorando a Hitler y vociferando "¡Hail!" en el propio funeral de su esposa.


Llegamos al síntoma que mejor muestra el desequilibrio de Kopfrkingl, algo que por mucha explicación que trate de darse no puede interpretarse como algo normal ni circunstancial. Desde tiempo atrás ha habido muchos hombres que han mostrado en la gran pantalla su afición a mantener en perfecto estado su peinado. Ahora bien, nuestro protagonista lleva tal obsesión a un punto enfermizo, siempre que la muerte está cerca, como un acto reflejo, saca el pequeño peine de su bolsillo, lo pasa por la cabeza del cadáver y luego por la suya propia para devolverlo más tarde a su bolsillo. En varios casos sucede así en el mismo crematorio, con el cuerpo en el ataúd, donde aleccioina a su ayudante mientras peina el cadáver y su cabeza. También tenemos el peinado del mal augurio, Karel susurra alguna parrafada sobre el sentido de la vida, de la liberación que supone la muerte, de la necesidad que los sufridores sienten de ser salvados ... Entonces vemos a Karel  pasar el peine  (la mano en un par de ocasiones)  por la cabeza de su interlocutor , les clava la mirada y por su expresión facial  parece que está viendo a esa misma persona dentro del ataúd esperando su turno en el horno.







MARCANDO DIFERENCIAS



Partiendo del hecho que el personaje de  Karel Kopfrkingl ya se basta y se sobra para llenar una película y hacerla interesantísima por lo complejo del personaje y por la magnífica interpretación, ¿Qué hace del incinerador un peliculón? Para mí, la clave está en dos grandes aspectos. Uno: Los personajes secundarios, todo un abanico de personajes peculiares que marcan diferencias y que tienen una historia que contar, en muchas ocasiones sin tener demasiado que ver con el grueso de la película, y que tal vez por eso los haga tan interesantes. Aportan vida y credibilidad a la figura principal, generan un entorno en el que el cremador no se siente extraño. Además de la familia y el médico que ya he comentado antes, el centro de atención debe ponerse en el crematorio, ese lugar está plagado de personajes peculiares, el primero en ser presentado es el agente comercial, el Sr. Strauss, el hombre de las mil reverencias ...hoy día llama la atención que un crematorio necesite vender sus servicios de igual manera que quien vende una televisión, pero hay que ponerse en la época donde acontece la película. Alrededor de los años 40 no era una práctica demasiado habitual y había que darla a conocer. 
Otro personaje muy particular, trabajador encargado de las labores de mantenimiento del crematorio, el Sr. Pelikan (gran nombre), un adicto a la morfina que persigue a nuestro protagonista, conocedor de su amistad con el Doctor, le ofrece regalos a cambio de dosis de morfina con las que saciar su necesidad. Le habla en susurros y casi sobresalta más que otra cosa. Le ofrece un cuadro con moscas de sarcófago, típicas de los cadáveres en descomposición, a lo que Karel se apresura a colgar en su casa para "hacerlo más bello" (episodio ampliado aqui

 









Aunque sin duda el personaje secundario por excelencia es el ayudante de Kopfrkingl, un joven Jirì Menzel que da vida a Dvorák. Reputadísimo actor y director de cine, particularmente lo prefiero detrás de las cámaras, a él le debemos grandes joyas del cine checo, tales como Trenes rigurosamente vigilados, Un verano caprichoso, Yo serví al Rey de Inglaterra ... Un sin fín de grandes títulos a cada cual más apetecible. Como ayudante del cremador, interpreta a la perfección a un ayudante que no sabe muy bien si debería estar allí, parece que su profesión sea algo provisional, como quien acepta un trabajo esperando algo mejor. Trata de pasar los malos tragos fumando sin parar, fuma muchísimo, tanto que hasta Karel parece preocupado por ese detalle.
Es obligado a observar por una ventanita cómo se desintegran los cuerpos mientras su jefe le sostiene la cabeza por la nuca, un gesto que se repite en diversas ocasiones y que no augura nada bueno. Y sin llegar a ser considerados personajes secundarios, debemos mencionar y destacar al matrimonio fuera de lugar. Aparecen en la fiesta del pricnpio, en el parque de atracciones, en el funeral de Lákme ... Siempre rompen el silencio, discuten, el marido recrimina a su mujer en tono cómico. Sin duda representa a la perfección la segunda razón por la que el incinerador es un peliculón: La innovación.
 

Tiene todos los ingredientes del cine que nació de la Primavera de Praga, antes nos hemos referido a la presencia musical a lo largo de todo el film, tiene unos personajes elaboradísimos donde nada sobra y nadie falta. Un sentido del humor tan refinado como negro y una serie de malabares que hacen las delicias del espectador. Unos juegos de cámara a los que todavía no estábamos muy acostumbrados (aunque ya había muy buenos ejemplos dentro de nuestro país) a princpios de los '70. Recordemos que la cinta nos llegó a España porque fue la ganadora del Festival de Sitges a la mejor película, al mejor actor (Rudolf Hrušínský) y a la mejor fotografía (Stanislav Milota) allá por el año 1972, aunque la fecha de producción sea 1969, y que aún hoy siguen sorprendiendo.
Varios aspectos técnicos llaman la atención, como por ejemplo los cambios de escena. Espectaculares los recursos del director en este aspecto, el tránsito de una escena a otra son una maravilla, en el parque de atracciones vemos a Kopfrkingl visitando las paradas, hablando con esa voz profunda y monocorde, lo vemos admirar a monstruos dentro de tarros de cristal, comienza a levantarse la manga de la camisa mientras comienza a lanzar una pregunta al médico, la cámara continúa en el parque de atracciones, se queda rezagada de la acción, comienza a acercarse hacia el brazo desnudo para dejarlo en primer plano y cuando éste se abre, aparece la consulta del doctor, fantástico. O en casas de putas, vemos al protagonista en calzoncillos, mostrándole a la meretriz la caja de bichos que le ha regalado el Sr. Pelikan, pasa a un primer plano de la caja para abrirlo después y mostrarnos cómo lo cuelga de la pared del salón de su casa. 

 











Un recurso muy habitual en la película también son los llamados "ojo de pez", planos tomados desde más altura y donde se produce una ligera deformación de las figuras, consiguiendo un efecto mirilla. Al igual que los primeros planos, un recurso muy frecuente y que produce un efecto acorde con la personalidad del protagonista y alma de la película, de desequilibrio, de anormalidad, entendida como fuera de la norma común.
CURIOSIDADES Y DEMÁS TONTERÍAS



Al hilo de lo comentado en el apartado anterior sobre  los primeros planos,  me recordó a otra fantástica película de Carlos Saura de 1965, La Caza. Un abuso del primer plano que hace caer en desasosiego al espectador y que lo hace sentirse como los propios protagonistas de la película. Son dos claros ejemplos en los que el montaje de la película es fundamental para que adquiera el significado que el director quiere transmitir al espectador. En La Caza se lo debemos al grandísimo Pablo García del Amo y el montaje del Incinerador es gracias a la tremenda labor de Jaromír Janácek.
Como la mayor curiosidad o dato chocante que he tenido viendo la película, ha sido el misterio de las gafas ... Tres personajes las utilizan, Karel las utiliza como gafa de cerca, únicamente se las pone para leer, Dvórak (Jirí Menzel) y Milli las utilizan siempre, tan solo se las quitan cuando están nerviosos o para limpiarlas. Ahora bien, en ningún plano de la película coinciden dos de esos tres personajes con ellas puestas, y es que mirándolas detenidamente, parece que son la misma gafa y se las intercambian para rodar cada escena. ¿Falta de presupuesto? ¿Algún significado especial? No lo sabemos, eso sí, resulta chocante.
 



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